...y fueron felices y comieron perdices.
Así terminan los cuentos de nuestra infancia, los que hacían soñar con un amor valiente, delicado, mágico... En ellos pensé mientras cosía, crocheteaba y bordaba cada detalle de este novio caballero y esta novia princesa.
Nuestro caballero de radiante chaqué negro viste camisa blanca, chaleco gris perla, corbata y pañuelo en el bolsillo rosa muy claro.
Nuestra princesa, como tal, lleva una corona de florecitas y un delicado velo sobre su sonrojado rostro. Además viste unos tirantes cubrehombros que tras la ceremonia podrá quitarse para lucir el escote palabra de honor de su vestido (ver la primera foto).
En este caso los zapatitos rosita claro no son de cristal, su material es más cómodo para poder bailar un vals -o lo que se tercie- durante toda la noche. Afortunadamente en este cuento no hay toque de queda ni carrozas convertidas en calabazas a medianoche :P
Tras levantar su velo se aprecian sus brillantes ojos verdes.
El peinado es una recogido bajo que permite colocar la preciosa corona de florecitas blancas y rosas que a su vez porta un pequeño velo transparente.
Las flores son un símbolo del amor embriagador, por eso además de estar presentes en la corona y por supuesto en el ramo, la falda del vestido está plagada de florecillas bordadas a mano.
Quizás nuestro día a día no tenga mucho de cuento de hadas, probablemente no conozcamos a ningún caballero andante ni a una princesa custodiada por feroces dragones y encerrada en una torre...
Nada de toda esa fantasía puede darse tal cual más allá de los muros del castillo de Disneyland, pero lo que sí nos asegura cualquier cuento es que el amor es indefinido, infinito y libre.
¡Viva el amor!
¡Se me olvidaba el packaging!
A partir de ahora esta será la presentación de los novios amigurumis.
Una cajita blanca con unas frases amorosas del color que se prefiera.